Una mañana lluviosa, mientras la clase de 3ª trabajaba en la clase de tecnología un disparo repentino rompió el silencio que había en la clase. Todos dejamos de trabajar y nos dirigimos cautelosamente hacia el lugar donde se había producido el disparo.

Nos adentramos en el gimnasio y allí yacía en cuerpo del profesor de euskera, situado encima de las colchonetas; había una mancha de sangre en la pared y no había ni rastro del asesino. Abrimos el cuartillo donde se guardaba el material, pero no había nadie. Llamamos a la policía y se dirigió al colegio en cinco minutos. Se pasaron todo el día investigando la mancha de sangre de la pared y haciendo pruebas al cuerpo.

Descubrieron que de un tiro en la cabeza la sangre llego a la pared y moviendo las colchonetas encontraron la pistola del asesino la llevaron al laboratorio e hicieron las pruebas, a ver si había huellas o no. Las huellas marcadas en la pistola eran del asesino llamado Francisco Torres. Esta mancha se produjo por el asesinato del gimnasio.

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