Era un día normal y corriente, yo me dirigía hacia el colegio como cada mañana. Mientras caminaba por la hierba, observé que algo se movía, lo cogí y lo miré con detenimiento. Me di cuenta de que era un dragón con unas alas minúsculas y que podía cambiar de tamaño a su antojo. Aunque sea imposible de creer comencé a hablar con él, un compañero se me acercó y lo guardé en el bolsillo.

   

—¿Qué haces?¿Estás bien?—me preguntó

—¿Si, solo estoy atándome los zapatos—le conteste disimulando.

 

 

Poco a poco el dragón se fue convirtiendo en mi mejor amigo, me chivaba las respuestas en los exámenes. Me entretenía para que no me aburriese en clase…
Con el tiempo me fui enterando de más cosas acerca de él, como que no envejecía.
 

 

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